martes, 18 de noviembre de 2014

Mi presentación como candidato a la Mesa de Madrid

Bueno, pues me presento como candidato a la Mesa de Madrid de EQUO. Leí el correo de instrucciones para preparar la candidatura, y donde decía "máximo 400 caracteres sin espacios" yo entendí "máximo 400 palabras". Y me di cuenta del error cuando ya había escrito la presentación, tras un fin de semana entero redactándola y puliéndola...

Pero ya se sabe que no hay mal que por bien no venga, así que esta presentación larga me viene de perlas para revitalizar este blog espasmódico que tengo (y espero que para ganar algún que otro voto, que es de lo que se trata).


PRESENTACIÓN PERSONAL


Me llamo Rafael Méndez Sastre, nací hace cincuenta años en Madrid y trabajo desde hace veinte como documentalista en un organismo público.

Siempre he estado convencido de que la responsabilidad individual es un elemento clave del funcionamiento de la sociedad, y que sólo a través del ejercicio de esa responsabilidad pueden cambiarse las cosas de verdad y a mejor. He intentado, a lo largo del tiempo y en la medida de mis posibilidades, ser coherente con este principio: participando en el movimiento estudiantil durante mis años en la Universidad, actuando después como sindicalista de CCOO en mi lugar de trabajo, y más tarde como activista en un grupo local de Amnistía Internacional.

Al contrario que mucha gente de mi generación, nunca he dudado de la importancia de la política institucional. Sin embargo, y a pesar de varias tentativas, nunca llegué a encontrar un espacio en el que me sintiera cómodo con mis convicciones (y sobre todo con mis dudas). A pesar de todo, no dejé de creer en la necesidad de actuar desde un partido político para intentar transformar la realidad; gracias a eso me enganché a EQUO pocos meses después de su creación, y aquí sigo.


VINCULACIÓN CON EQUO


Comencé a participar en EQUO en septiembre de 2011 como activista de mi grupo local (Ciudad Norte), desempeñando con posterioridad las funciones de dinamizador. Durante finales de 2013 y principios de 2014 formé parte del grupo de extensión de la Mesa de Madrid. A nivel federal, he trabajado en temas de estatutos en las dos asambleas federales, además de participar en el grupo federal de afiliación.

Para mí, EQUO es el crisol de tres elementos singulares: la sostenibilidad, la radicalidad democrática y la igualdad social - uno de cuyos factores clave es la igualdad entre hombres y mujeres. Creo que estos tres elementos deben tener idéntica importancia en nuestro proyecto político, sin primacía de ninguno de ellos: la síntesis de los tres es lo que forma nuestra identidad propia y singular.

Nuestra mayor virtud no consiste en que tengamos las soluciones más adecuadas para los problemas que nos aquejan. Nuestro verdadero punto fuerte es que somos capaces de identificar las verdaderas raíces de dichos problemas, sin quedarnos en la superficie deslumbrados por sus síntomas. Por eso sabemos que nos enfrentamos a una crisis sistémica que afecta a los propios fundamentos de nuestra civilización productivista. Y somos conscientes de que es precisa una gran transformación en clave de sostenibilidad, que sólo merecerá la pena si es igualitaria, y que sólo será real si la gente participa democráticamente en su definición y, sobre todo, en su puesta en práctica.

Nuestros objetivos son muy ambiciosos, tanto que no basta con ganar unas elecciones para alcanzarlos. Por eso, yo no creo que el avance de nuestro proyecto político pueda medirse exclusivamente por los resultados electorales que obtengamos. Por supuesto que quiero que contemos con cien escaños en el Congreso de los Diputados, pero no creo que debamos planteárnoslo como una meta a corto ni a medio plazo. Para mí, el objetivo que debemos fijarnos para ya es el de ser influyentes en la sociedad y en la política: que nuestros puntos de vista impregnen las agendas de los actores políticos, y que nuestros valores obtengan un respaldo social amplio, también entre votantes de otros partidos.

Trabajar en esa línea es lo opuesto a encerrarnos en nuestras cuatro paredes; al contrario, tenemos que salir a la calle y participar en todas las luchas y en todas las iniciativas. No es la pureza, sino la mezcla y el mestizaje lo que nos hará cada vez más fuertes.


RAZONES PARA PRESENTAR MI CANDIDATURA


Nos encontramos en un momento clave. Las próximas elecciones municipales y autonómicas pueden representar un cambio sustancial del panorama político a nivel estatal, pero sobre todo en Madrid. Formamos ya parte de ese cambio a través de nuestra muy activa participación en las diferentes iniciativas de confluencia en nuestra región. Creo que tenemos que seguir avanzando en este camino e implicarnos todo lo posible en estos procesos, y quiero contribuir a ello formando parte de la Mesa de Madrid.

Es cierto que esta apuesta es arriesgada. No creo que corramos el riesgo de diluirnos, porque somos una organización suficientemente curtida y cohesionada como para evitarlo. Pero podemos vernos reducidos a un papel subalterno dentro de las candidaturas que se acaben formando. Sin embargo, creo que las oportunidades que se nos abren con esta participación superan claramente a las posibles amenazas: tanto en términos de mero rendimiento electoral, como por el trampolín que estos procesos suponen de cara a nuestra acción política en los próximos años.

Para aprovechar al máximo las bazas que nos da la participación en los procesos de confluencia, es imprescindible que mejoremos nuestra efectividad como organización. Es mucho lo conseguido en los últimos dos años, y más sabiendo que hemos contado con unos recursos financieros escuálidos. Con todo, aún tenemos mucho que mejorar para conseguir movilizar todas las energías y las potencialidades de nuestra gente.

En efecto, el recurso fundamental con el que contamos es la gente de EQUO en Madrid. Para potenciarlo, tenemos que fortalecer las estructuras que ya existen: asambleas locales y grupos temáticos. Hemos de repensar y relanzar los procedimientos de acogida de las personas que quieren tomar parte en nuestro proyecto. Y debemos desarrollar mecanismos que faciliten el activismo y la participación: aplicaciones informáticas, canales efectivos de información, marcos de trabajo en común…En definitiva, poner en valor uno de nuestros rasgos más distintivos: somos un partido que trabaja duro para ser cada día más horizontal. De verdad.

En este sentido, la Mesa de Madrid debe jugar el papel de dinamizadora de nuestra organización. Por eso es vital que sus integrantes formen un equipo de trabajo lo más cohesionado posible, y creo poseer varias cualidades personales adecuadas para esa labor: tengo capacidad de trabajo, soy flexible y creo en el diálogo y en la empatía como herramientas para acercar y sintetizar puntos de vista divergentes. Por eso creo que puedo ser un componente valioso de ese equipo, para que nuestro proyecto siga avanzando.

domingo, 12 de enero de 2014

Nuestro objetivo: una vida decente para la especie humana

En la próxima campaña electoral tendremos que hacer frente a un dilema del que mucha gente en Equo es muy consciente: ¿cómo le decimos a un país con seis millones de parados que no podemos volver a la senda del crecimiento económico que conocimos en los años noventa o en la década de 2000? Cuando somos testigos de los estragos que la destrucción de empleo está causando a tantas personas cuyos proyectos de vida se van al garete, ¿cómo explicamos que nuestro proyecto no pasa por crear puestos de trabajo sea como sea y sin importar el precio?

Tenemos una primera respuesta: el "Green New Deal". Cambiemos las prioridades de la política fiscal y presupuestaria en Europa - y como consecuencia, en España. Acabemos con las políticas de austeridad, pero no de cualquier manera: hagámoslo para poner todas las herramientas de política económica al servicio de la sostenibilidad ambiental y social.

Se trata de un objetivo muy ambicioso, que puede movilizar una gran cantidad de recursos. Pero no se trata de generar simplemente más actividad: hay que generar mejor actividad. Debemos crear un entorno propicio para las pequeñas y medianas empresas, en el que las iniciativas de economía social gocen de un gran protagonismo. Y debemos defender el trabajo decente, que es una de las piedras angulares de la sociedad europea en la que creemos. Para todo esto, el sistema financiero juega un papel crucial: tenemos que trabajar para reconvertirlo y ponerlo al servicio de un cambio de modelo productivo.

Sin embargo, hay que dar más pasos adelante. Una salida duradera de la crisis no se consigue únicamente con cambios en las políticas fiscales y presupuestarias. El cambio climático es una realidad y nos obligará, más temprano que tarde, a buscar soluciones mucho más tajantes... que tal vez debamos adoptar incluso antes para dar respuesta al agotamiento de las fuentes fósiles de energía.

Pero incluso si la tecnología nos facilitara soluciones prodigiosas a estas amenazas, ¿tendría sentido seguir con las cosas como están? ¿Tiene sentido una civilización basada en la mercantilización de todos los recursos naturales y en el acaparamiento indefinido de bienes y recursos? La senda que estamos siguiendo ¿nos lleva a unas sociedades inclusivas en las que todos sus miembros puedan vivir dignamente? ¿O, por el contrario, nos conduce a una mayor fragmentación, a un individualismo despiadado, a una polarización creciente?

La respuesta, claro está, es no. Debemos cambiar el curso de las cosas de manera radical; de nada serviría reducir al mínimo las emisiones de CO2 si la contrapartida fuera ampliar la brecha entre los que tienen y los que no. La sostenibilidad ambiental y la igualdad social deben ir de la mano: nuestro proyecto carece de sentido si ambas facetas se disocian.

Así que sí, debemos empezar a decirle a la gente que debemos cambiar. Que hay que cambiar las prioridades. Que hay que cambiar las bases de lo que entendemos por una vida buena. Que hay que cambiar la relación entre las y los individuos y la colectividad.

Iniciativas como la renta básica universal o la limitación a las ganancias son pasos en ese sentido. Se trata de iniciativas que rompen la lógica productivista y mercantilista, y que nos permiten atisbar un nuevo modelo social. En otro terreno, fomentar actividades como las cooperativas de consumo - ya sea de productos alimenticios, de energía o de servicios financieros - ayuda a generar dinámicas socioeconómicas alternativas, basadas en la cooperación y en la des-individualización. Poner en práctica políticas de reducción de residuos, de ahorro energético, de relocalización y sostenibilidad de la producción agraria y ganadera, significa comenzar a poner en cuestión el modelo de consumo de las sociedades opulentas.

Muy utópico todo, ¿verdad? Es posible. Si yo hubiera leído estas líneas en 2007, por ejemplo, tal vez habría pensado eso mismo. La economía creciendo, los ciclos descendentes del capitalismo desparecidos del mapa, la percepción generalizada de que las cosas iban mucho mejor que nunca para muchísima gente en el mundo, incluyendo amplias capas de las poblaciones de los países emergentes... Y un optimismo tecnológico que nos hacía ver posibles soluciones técnicas a los retos del cambio climático y del "peak oil". Siete años después, el velo que cubría nuestros ojos se ha caído y todas las mentiras del pensamiento dominante están ahí, a la vista. ¿Qué crédito dar a los dirigentes, a los sabios y a los expertos que no supieron ver lo que teníamos delante de las narices, y que aún hoy siguen dándonos recetas que sólo valen para profundizar el desastre, descalificando cualquier alternativa tachándola de descabellada o irrealizable?

Sí, utopía. ¡Bendita utopía!

domingo, 22 de diciembre de 2013

Hacer política en Europa: ¿para qué?

Durante los próximos meses vamos a tener que explicar muy bien a la gente por qué tiene que votar en las elecciones al Parlamento Europeo. Nos preguntarán: "¿para qué sirve hacer política en Europa?"

Para responder, contamos con numerosos argumentos, y muy directos. El porcentaje de legislación europea que nos es de aplicación directa; quién y cómo ha decidido que debía realizarse un rescate a la banca; por qué hemos sufrido los recortes. Ejemplos muy claros y cercanos de que las grandes decisiones que acaban afectando directamente a nuestras vidas se toman en Bruselas, Fráncfort o Berlín, y no sólo en el Palacio de la Moncloa.

Sin embargo, existe una razón mucho más poderosa que todas esas y que cualquier otra: actuar a nivel europeo es imprescindible para el proyecto de sociedad que defendemos en Equo. Y es que nuestro objetivo es mucho más ambicioso que aumentar el número de placas solares o mantener el sistema de pensiones. Lo que realmente pretendemos es una gran transformación económica y social, y eso no se puede lograr sólo a escala local o nacional: la dimensión europea es vital para poder avanzar en ese camino.

El sistema económico que ha gobernado el mundo en los últimos dos siglos ya no es viable. La explotación intensiva de los recursos naturales como base para una producción infinitamente creciente de bienes materiales está llegando a los límites que impone el planeta. Y la sociedad del bienestar construida en Europa a partir de la década de 1950, que se basaba en los recursos generados por ese sistema económico, ya está sufriendo rupturas parciales y amenaza con una quiebra total.

El reto que tenemos por delante consiste en edificar un nuevo sistema adaptado a los límites del planeta que garantice el bienestar y la prosperidad de la especie humana en su conjunto. Esto implica transformaciones sustanciales del aparato productivo y de los sistemas de distribución de los recursos entre la población. Sí, es un objetivo muy ambicioso, pero cualquier otra opción nos conducirá a la barbarie.

La gran transformación que perseguimos se hará con iniciativas locales y con políticas nacionales, pero no será viable sin una definición a escala europea de las vías por las que deberá discurrir la transformación y las herramientas con las que se realizará. Por eso es vital actuar políticamente en Europa. Por eso Equo debe estar en el Parlamento Europeo.